Historia

La llegada de los primeros Colonos

Año 1875, desde el pueblo de Tirol Austriaco un grupo de familia cansadas de soportar las largas guerras, con sus nefastas consecuencias, decidieron alejarse del terruño natal, camino a la casi desconocida América del Sud, donde reinaba la paz y las tierras eran prodigas en riquezas, además de poder obtener predios de trabajo sin mayores esfuerzos, ni sacrificios.

Las tierras elegidas por las familias tirolesas fueron las de Brasil, desde Rió de Janeiro se desplazaron al Estado de Santa Catalina,

donde fundaron el pueblo “nova Trento”, “para recordar y tener siempre presente a la querida y lejana patria, construyendo a la par con esto, un cabecera de puente entre el nuevo y viejo terruño”. En el nuevo destino los tiroleses se dedicaron a la agricultura y explotación de bosques, organizando algunas pequeñas empresas agrícolas, poniendo en marcha rústicos aserraderos.

Brasil y sus hombres trato con cordialidad y hospitalidad a los inmigrantes del viejo mundo, quienes por su trabajo progresaron y lograron hacerse de algunos capitales, más no se adaptaron al clima e idiosincrasia del país hermano. Allí mismo tuvieron noticias de tierras mas propicias, con climas mas benignos, situadas en la provincia de Córdoba de la Republica Argentina, donde ya se habían establecidos otro grupo de familias italianas provenientes de Friuli y Piamonte.

Así es como un grupo de familias tirolesas llegadas a Brasil en 1875, dejan esas tierras para lanzarse a una nueva aventura, dejando todo lo que allí habían realizado para embarcarse rumbo a la ciudad de Buenos Aires, llegando a este nuevo destino en los primeros días de enero de 1889. Cumpliendo los tramites aduaneros, siguieron todos juntos rumbo a Jesús Maria, donde se dedicaron a buscar tierras para trabajar y establecerse definitivamente.

En el nuevo destino los tiroleses entraron en contacto con el doctor Baldomero Llerena, conocido terrateniente de la zona, quien los contrato en la estancia “La Virginia”, ubicada en el departamento del Totoral, al norte de Jesús Maria.

En “La Virginia” los tiroleses se dedicaron a desmontar terrenos, emparejar suelos, realizaron plantaciones frutales y viñedos, sembraron diversos cereales, mejoraron los sistemas de riego existentes, cuidaron haciendas y alambraron predios.

Según testigos de esos días el grupo de colonos, que nos ocupa, estaba poseído de grandes deseos de progresar, se los veía trabajar de sol a sol y solo hacían un alto en sus tareas los domingos para asistir a misa. Como es de imaginar en poco tiempo lograron formarse de un capital, con el cual pensaron comprar tierras para trabajarlas en propio beneficio y dejar de depender de la buena o mala voluntad de otros.

Después de dos años, es decir, en 1891, de su llegada a nuestra provincia los tiroleses se enteraron que entre Colonia Caroya y la ciudad de Córdoba el doctor Tristan Almada vendía tierras bajo riesgo para colonizar, sin pensarlo mucho, reuniendo los capitales conseguidos con sacrificio, decidieron comprar una quinientas (500) hectáreas, en el lugar conocido como “El Bajo”. La compra se hizo a precio de fomento y largos plazos, el boleto de compra y venta se formalizo el 18 de octubre de 1891, tomando posesión de sus tierras los adquirientes de inmediato, “como lo que se cumplía una de las más cara aspiraciones de todo hombre de progreso”.

Levantados los primeros planos de las tierras compradas, el área de estas, formaban una figura muy parecida a un martillo por lo que, en un principio sus dueños llamaron el lugar “El Martillo”.

 

 
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